La psicología del desorden (1)

¿Qué reflejan nuestros armarios sobre nosotros?

Los psicólogos afirman que los armarios pueden ser una ventana a la salud mental de las personas, ya sea porque estén perfectamente organizados o porque reflejen un completo desorden.

Un artículo que leí recientemente en The Wall Street Journal publicaba unas interesantes historias que os relato a continuación:

Jennifer James y su marido no tienen una gran cantidad de desorden, sin embargo les resulta difícil desprenderse de las cosas de sus hijos. El bonito cobertizo para invitados detrás de su casa en la ciudad de Oklahoma, está lleno de viejos juguetes, ropa en desuso, obras de arte, documentos escolares, dos camas de bebé, una cuna y un caballito de madera.

“Cada vez que pienso en deshacerme de todo ello, me entran ganas de llorar”, dice la señora James, una consultora de relaciones públicas de 46 años de edad. Ella teme que sus hijos con edades de 6, 8 y 16 años, crecerán y creerán que ella no les quiere lo suficiente si no lo guarda todo. “Manteniendo todo esto, creo que algún día podré decir a mis hijos, ¡me encantaba tu inocencia!, ¡te quería mucho!”.

Entre las cosas que guardamos se acumulan poderosas emociones, ya se trate de montones de periódicos leídos, ropa pequeña, objetos electrónicos obsoletos o incluso envases de margarina vacíos. Nuestros pensamientos y sentimientos más profundos se reflejan en todo aquello que acumulamos.

Existe un reconocimiento creciente entre los organizadores profesionales que nos enfrentamos día a día con el desorden, sobre la necesidad de comprender por qué guardamos lo que guardamos, o por qué inevitablemente acumulamos cosas de nuevo.

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Nuestro trabajo va mucho más allá de hacer que los armarios luzcan bonitos. Consiste en entrar en los corazones y comprender los sentimientos.

Para algunas personas que tienen grandes sótanos repletos de viejos enseres y sin un uso aparente, esto no representa ningún problema. Pero muchos otros dicen estar ahogándose en el desorden y se encuentran angustiados ante la idea de deshacerse de las cosas.

En algunos casos, la desorganización crónica puede ser un síntoma de déficit de atención e hiperactividad, un trastorno obsesivo-compulsivo o incluso demencia, todo lo cual implicaría dificultades con la planificación, el enfoque y la toma de decisiones.

En su forma extrema, el acaparamiento es ahora un trastorno psiquiátrico distinto, definido en el nuevo manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) como “dificultad para descartar posesiones persistentes independientemente de su valor”, de tal manera que las zonas de estar ya no se pueden utilizar.

La dificultad de deshacernos de nuestras cosas podría ir de la mano de la ansiedad a la separación, a las compras compulsivas, al perfeccionismo, a la dilación o a los problemas de imagen. Y la renuncia a hacer frente a estos problemas puede crear un círculo vicioso de evasión, ansiedad y culpa.

En la mayoría de los casos, sin embargo, los psicólogos dicen que el desorden se puede deber a lo que ellos llaman, errores cognitivos, errores viciados que impulsan comportamientos exagerados que se nos van de las manos. Algún ejemplo sería decir: “puede ser que lo necesite algún día”, “esto podría ser valioso” o “esto podría servirme de nuevo si pierdo (o gano) peso”.

Todos tenemos estos pensamientos y es perfectamente normal. El truco es reconocer el pensamiento irracional que hace aferrarte a ese objeto y sustituirlo por otro que te ayude, por ejemplo, alguien más podría usar esto, así que me voy a deshacer de ello.

Sin embargo, la mayor fuente de desorden y lo más difícil de descartar es todo aquello que tiene un significado sentimental. Es natural querer aferrarse a los objetos que desencadenan recuerdos, pero algunas personas confunden deshacerse del objeto con dejar ir a la persona.

No hay razón para deshacerse de nuestras pertenencias por el simple hecho de hacerlo. Lo que debemos averiguar es, qué es importante para uno y crear un ambiente que apoye eso.

Robert McCollum, auditor estatal de impuestos y esposo de la señora Jenifer James, mencionada al principio de nuestra historia, decía que conservaba una varita de hada rota de su hija de cuando ella tenía tan sólo meses.

“No quiero perder mis recuerdos, y no necesito un organizador profesional”, comentaba. “Yo ya he organizado todo en cajas. El único problema es si nos mudamos alguna vez a una casa que no tenga 100 m2 cuadrados de trastero o garaje”, añadía.

A veces las personas que se aferran a los recuerdos son imágenes de ellas mismas en diferentes roles o en tiempos más felices. Nuestros armarios son ventanas a nuestro ser interno.

La nostalgia es el sentimiento que a menudo nos conduce a guardar esos montones de periódicos, revistas, equipos electrónicos obsoletos y décadas de registros de facturas y materiales para manualidades.

Para la gente que tenga miedo a tirar cosas que podrían necesitar en el futuro, ayuda el pensar en el peor escenario: ¿qué ocurriría si el tutú que has tirado lo necesitaras para hacerte un disfraz de Halloween?, ¿qué harías? Podrías encontrar casi cualquier cosa en eBay, por ejemplo.

¿Podemos ser también demasiado limpios, demasiado organizados y demasiado rápidos para desprendernos de las cosas? Todo es subjetivo. Lo que importa es si nuestros hábitos nos angustian.

“Culpable de los cargos, mi familia se burla de mí”, dice el Dr. Baumgartner. “Tengo que controlar mi deseo de deshacerme de las cosas. A menudo y literalmente no tengo nada que ponerme”….

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